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Mientras Latinoamérica creció en pobreza, en Colombia bajó

Mientras Latinoamérica creció en pobreza, en Colombia bajó

Mientras Latinoamérica creció en pobreza, en Colombia bajó

27/01/2015

Por: PORTAFOLIO

A pesar del estancamiento en la reducción de la pobreza entre el 2012 y 2013 en América Latina, Colombia se ubicó en el cuarto puesto entre 12 países de la región que la disminuyeron más de un punto porcentual anual.

En efecto, una investigación de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) indica que en cuanto a reducción de la pobreza por encima de Colombia se situaron Paraguay, El Salvador y Chile. El quinto puesto lo ocupó Perú.

Según la proyección del organismo incluida en el informe ‘Panorama Social de América Latina 2014’, durante el año pasado la pobreza medida por ingresos afectó al 28 por ciento de la población latinoamericana, “lo que revela que su proceso de reducción se ha estancado en torno a ese nivel desde el 2012”.

Al mismo tiempo, las estimaciones de la entidad muestran que la indigencia aumentó de 11,7 por ciento al 12 por ciento, todo ello en un contexto de desaceleración económica, explica el documento del organismo dado a conocer en Santiago de Chile.

Los cálculos de la entidad partieron de las cifras registradas entre el 2012 y el 2013, años en los cuales el indicador de pobreza de la región estuvo en un 28,1 por ciento.

No obstante, un pequeño grupo de economías se destacó por haber reducido significativamente las cifras de ese flagelo regional, que en el 2014 golpeó duramente a 167 millones de personas, de las cuales, 71 millones estaban en la pobreza extrema.

De acuerdo con las cifras entregadas por secretaria Ejecutiva de la Cepal, Alicia Bárcena, entre el 2012 y el 2013 los países que mostraron mayores descensos de la pobreza fueron Paraguay (8,9 puntos), El Salvador (4,4 puntos), Chile (3,2 puntos), Colombia (2,2 puntos) y Perú (1,9 puntos).

En ese mismo grupo, el comportamiento descendente de la indigencia o pobreza extrema fue el siguiente, medido en puntos porcentuales: Paraguay, 8,8; El Salvador, 1,0; Chile, 0,6; Colombia, 1,3; y Perú, 1,3.

En América Latina, en el periodo considerado, ese indicador aumentó de 11,3 por ciento en el 2012 a 11,7 por ciento en el 2013, lo que significa que para este último año 69 millones de personas fueron clasificadas en esa condición, tres millones más que en la medición de 12 meses atrás.

El año pasado, según las proyecciones de la Cepal, se habría registrado otro retroceso en las estadísticas de la indigencia, ya que esta habría aumentado 0,3 puntos hasta 12 por ciento, “lo que significa que, de los 167 millones de personas en situación de pobreza en ese año, 71 millones se encontraban en condición de extrema pobreza o indigencia”. Los logros alcanzados en los años precedentes se han desvanecido.

Para Bárcena, la recuperación de la crisis financiera internacional no parece haber sido aprovechada suficientemente para el fortalecimiento de políticas de protección social que disminuyan la vulnerabilidad frente a los ciclos económicos.

“Ahora, en un escenario de posible reducción de los recursos fiscales disponibles, se requieren mayores esfuerzos para apuntalar dichas políticas, generando bases sólidas con el fin de cumplir los compromisos de la agenda de desarrollo post-2015”, subrayó la secretaria de la Cepal.

Materias primas

La caída en los precios de las materias primas producidas por la región –entre las que se destaca el petróleo, cuyas cotizaciones literalmente se han desplomado y están golpeando los ingresos de países como Venezuela, Colombia, Ecuador– amenazan seriamente los avances registrados en años recientes en el campo social en los países latinoamericanos.

China, uno de los principales compradores de productos básicos a las economías latinoamericanas y considerado por varios años el motor de la economía mundial, ha desacelerado su crecimiento; la Unión Europea no alza decididamente la cabeza y el mercado estadounidense, hacia donde se destina buena parte de las exportaciones de la región, apenas está en la fase de recuperación.

Por ello, estos factores han debilitado la dinámica de creación de puestos de trabajo y, por lo tanto, el crecimiento de los ingresos de los hogares asalariados, muchos de los cuales enfrentan el riesgo de deslizarse hacia la pobreza o hacia la indigencia.

Baja en el grupo de cinco variables

La pobreza multidimensional, que abarca cinco ámbitos (vivienda, servicios básicos, educación, empleo y protección social y el estándar de vida) en América Latina se redujo de 39 a 28 por ciento en 17 países de la región en un periodo de siete años: entre el 2005 y el 2012.

En todos los casos, observa la Cepal, se registraron caídas en esta medición y los mayores descensos se produjeron en Argentina, Uruguay, Brasil, Chile y Venezuela.

Las cifras del organismo de las Naciones Unidas muestran que en el 2008 la pobreza multidimensional en Colombia marcaba 41 por ciento, la cual se redujo a 35 por ciento cuatro años más tarde.

Respecto a la desigualdad, hubo mejoría en los 15 países con información actualizada, con la única excepción de Costa Rica; el Índice de Gini pasó de 0,542 a 0,486 entre el 2002 y el 2013, es decir, una variación de aproximadamente el 10 por ciento. Mientras más cerca de cero esté ese indicador, mayor igualdad hay en la distribución del ingreso.

Por otra parte, en el periodo 2008-2013 la participación en los ingresos totales del 20 por ciento de los hogares más pobres se incrementó de 5,2 al 5,6 por ciento, mientras la del quintil más rico se redujo de 48,4 al 46,7 por ciento.

Menor dinámica laboral desacelera creación de empleos

Los análisis de la Cepal la llevan a concluir que la región parece estar entrando en un nuevo escenario económico que, según sus proyecciones, es de crecimiento modesto y de desaceleración económica.

Consistente con lo anterior, los indicadores del mercado de trabajo comienzan a mostrar una pérdida de dinamismo. Considerada en su conjunto, en América Latina se observa que la tasa de participación laboral de los hombres ha disminuido en el último año y la de las mujeres se ha mantenido constante, lo que, dice el estudio presentado este lunes, refleja un freno del crecimiento reciente de la proporción de mujeres dentro de la fuerza laboral.

Por otro lado, agrega, continúa registrándose una reducción de la tasa de desempleo en toda la región, aunque a un ritmo mucho más lento.

Igualmente, advierte que a pesar de que el total de ocupados se ha incrementado en todos los países, se comienza a vislumbrar una desaceleración de la creación de empleo. De hecho, se constata en algunos países un incremento del peso relativo del trabajo independiente en detrimento del empleo asalariado, tendencia contraria a la que se venía produciendo en los años anteriores.

Respecto a los ingresos, afirma que en el 2013 los salarios medios siguieron aumentando en términos reales, en un contexto de bajo desempleo y moderadas tasas de inflación.

La menor actividad que afecta a las economías latinoamericanas impacta negativamente a los trabajadores, que ven reducidos sus ingresos laborales y sufren el rigor de la pérdida de empleo.

En medio de ese poco alentador panorama se destaca el comportamiento del mercado laboral colombiano, cuya tasa de desocupación mantiene su tendencia a la baja y continúa en aumento la creación de puestos de trabajo, aunque a un ritmo menor al de hace pocos meses.

La Clase media es más optimista que la baja

En el promedio regional, indica el estudio de la Cepal, las expectativas sobre el bienestar económico de los hijos son más altas entre quienes se identifican con la clase media que en las personas que se consideraban de clase baja.

Solo el 23 por ciento de la población que afirmó ser de clase media cree que el bienestar que alcanzarán sus hijos no superará el cuarto de 10 peldaños de una escala de pobreza-riqueza. Entre quienes dijeron ser de clase media baja, esta cifra fue del 37 por ciento, mientras que entre las personas que declararon ser de clase baja, opinaba así el 53 por ciento.

Para la Cepal, en ocho de los 18 países estudiados, las expectativas sobre el futuro de los hijos superan las valoraciones del bienestar presente y, por tanto, expresan expectativas de movilidad intergeneracional.

Tomado de Portafolio

www.portafolio.co 

Foto: MinAgricultura / Andrés Valbuena H.