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Máximo malentendido posible

01/06/2016

Por: Rudolf Hommes

En uno de los programas de ‘Hora 20’ esta semana, la directora o alguna invitada les pedía a los oyentes que leyeran lo que proponen el Gobierno y las Farc para blindar el acuerdo, lo que aparentemente ha sido la contribución clave de los más destacados juristas nacionales y por lo menos de un extranjero. La verdad es que además de tratar de entender lo que una de ellas recomienda, si también leen lo que escribe o sostiene Álvaro Leyva en este diario hace una semana o en ‘El Espectador’ ese mismo día, Carlos Holmes Trujillo en ‘Portafolio’ la semana pasada o Hernando Gómez Buendía en ‘Razón Pública’, van a quedar más confundidos, aun sin tener en cuenta los argumentos de moros y cristianos en pro o en contra del plebiscito en la audiencia organizada por la Corte Constitucional el jueves pasado. Imposible concebir mayores malentendidos que los que surgen de todas estas posiciones.

Álvaro Leyva sostiene que con el derecho internacional tiene suficiente, y que para blindar los acuerdos no se necesita nada más que declararlos especiales y registrarlos en Ginebra, con lo que se logra cambiar la Constitución de un plumazo. Gómez Buendía hace un despliegue de lógica jurídica para concluir que el acuerdo especial no blinda sino un pedacito de lo convenido, que la vía exprés no garantiza que el Congreso o la Corte Constitucional aprueben lo que se les propone, que la declaración unilateral del Gobierno ante la ONU la puede cambiar cualquier otro presidente y que lo único que blindaría los acuerdos de La Habana es que las leyes y reformas que emanen de allá queden sometidas al control automático y único de la Corte Constitucional, lo que para él constituye un esperpento y coloca al país en el umbral de una guerra civil promovida por la derecha. Carlos Holmes Trujillo dice que nada de lo anterior sirve, que si tuviera espacio diría por qué y que a Álvaro Leyva, después de haberse reunido con Uribe, hay que reconocerle haber dedicado una vida a favor de la paz.

Si se quiere entender lo que está sucediendo es necesario alejarse de esa discusión de constitucionalistas profesionales o ‘amateurs’, y pasarse al campo de lo político. El exfiscal Gómez Méndez hizo un aporte importante en este diario la semana pasada con un artículo en el que sostiene que todas estas maromas para incorporar a la Constitución los acuerdos de La Habana son esfuerzos fútiles porque ninguna constitución ha resistido el paso del tiempo inalterada, y el blindaje que la paz necesita es político, “un gran acuerdo sobre las ventajas indudables de la paz para que en el futuro sea el pueblo el verdadero garante de que se cumpla lo acordado”.

Esta posición concuerda con lo que el Gobierno propone: en primer lugar, ponerles fin a las discusiones y firmar un acuerdo. Si esto se logra pronto, como parece ser la intención de quienes están reunidos en La Habana (si la propuesta de cambiar balas por votos no vuelve a enredar todo), el paso que sigue es el plebiscito para que el pueblo se exprese sobre el acuerdo y le dé luz verde a lo que sigue, que es la aprobación de los acuerdos en el Congreso; y finalmente que la Corte Constitucional revise lo que apruebe el Congreso.

El plebiscito es lo más importante. Santos dice que si no son mayoría los que voten a favor de los acuerdos, no se puede seguir adelante. Remontado este escollo, al Congreso le corresponde darle curso a la voluntad popular; y a la Corte, proveer el seguro de que lo que finalmente pase no cree excesivos problemas constitucionales. Todos tendremos la oportunidad de expresarnos votando el plebiscito. Ese día se le pone fin al estado actual de máxima confusión. Posiblemente se le dé paso a otro con muchos interrogantes, pero en paz.

RUDOLF HOMMES

Tomado de EL TIEMPO

Foto: EL TIEMPO