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La franja lunática

28/09/2015

Por: Gabriel Silva Luján

Las reacciones apresuradas y erráticas del Centro Democrático, ante el anuncio de los definitivos progresos que se han logrado en las negociaciones en La Habana, no dejan de sorprender. Los uribistas perdieron la serenidad y ese partido parece una pajarera llena de canarios al borde de un ataque de nervios, trinando toda clase de cosas absurdas, mentirosas, sesgadas y hasta ridículas. Para ilustrar el punto, solo basta citar dos de las muchas barbaridades que se han dicho: la reacción eufórica de Álvaro Uribe ante los titulares críticos de un periódico internacional que resultaron ser un montaje, o la referencia que hizo sobre Al Qaeda en sus comentarios negativos al firme apoyo que recibió Santos de parte del gobierno de Obama.

Preocupa que la respuesta de una fuerza política de la importancia del Centro Democrático, ante los avances en el proceso de la reconciliación nacional, haya tenido esos acentos histéricos e irracionales. Parecería que les importa mucho más no perder el liderazgo sobre el electorado guerrerista que mirar con serenidad y patriotismo el futuro del país.

La jauría contra lo acordado en el proceso de paz la soltó Uribe, prácticamente, sin haberse leído los textos. Eso es preocupante por cuanto confirma la sospecha de que las cacareadas manifestaciones de que los uribistas no son enemigos de la paz es simplemente táctica, retórica y de dientes para afuera. En vez de tener un diálogo inteligente y profundo que incorpore sus apreciaciones para contribuir al anhelo nacional de la paz, se han venido lanza en ristre, descalificando con adverbios y adjetivos, no con hechos o argumentos, lo que se ha logrado en La Habana.

Los progresos son tan significativos que descolocaron al uribismo. Nunca se esperaron, realmente, que las Farc fueran a ceder hasta el punto donde llegaron. Siempre pensaron –con la desconfianza que los caracteriza– que era imposible que esa guerrilla cediera en los puntos críticos de aceptar una justicia con castigo y un desarme verificable y eficaz. Mucho menos consideraron el escenario de que el proceso tuviera fecha de expiración acordada bilateralmente –uno de los reclamos reiterados de las plañideras del uribismo–, desmintiendo su argumento de que esta era una negociación eterna, como las que se han vivido en el pasado.

Desafortunadamente, el Centro Democrático se está “calzando” los acuerdos como una derrota política y electoral, cuando debería verlos como una oportunidad para dejar el sectarismo y la polarización para subirse en el tren de los verdaderos anhelos nacionales. Si siguen por donde van los uribistas, se convertirán en la franja lunática de la política nacional.

El proceso seguirá su marcha con un inmenso respaldo nacional. El balance de las opiniones institucionales, los líderes gremiales, los columnistas y las primeras encuestas indican que ha regresado la esperanza. Con ella aumenta la viabilidad de llevar la paz a puerto seguro, como lo señalara Rudolf Hommes en su columna de ayer.

La reacción inicial del uribismo a los acuerdos con las Farc fue primaria, como tigre herido, dando zarpazos al aire. El Centro Democrático todavía está a tiempo de demostrar que puede ser una fuerza constructiva en la definición del futuro del país, en vez de una plataforma que convierte en símbolo a una dirigencia revanchista y resentida. Por el bien del país y de los objetivos de largo plazo de ese partido, ojalá que los pocos líderes sensatos que quedan entiendan que no deben dejar que su errático capitán estrelle el galeón contra los arrecifes.

‘Díctum’. Los dirigentes empresariales de la caficultura de Caldas chillan a ver si, con la excusa del verano, les dan más subsidios.  

Tomado de El Tiempo www.eltiempo.com