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Ecos de una gira

06/11/2014

Por: EDITORIAL

El cierre en Londres de la agenda de visitas a varias capitales europeas, con la que concluye hoy la gira del presidente Juan Manuel Santos por el Viejo Continente, permite hacer el balance de un viaje que tiene más trascendencia que la otorgada por sectores de la opinión en Colombia. En un país que aún mira con suspicacia los desplazamientos de los funcionarios al exterior, es fácil menospreciar y trivializar gestiones que solo se logran con encuentros personales, al más alto nivel.

Por tal razón, hay que apartarse de las tentaciones de la coyuntura y mirar las cosas en perspectiva. Como punto de partida, no se debe olvidar que nuestra realidad es seguida con interés en las más diversas latitudes. Somos considerados un caso de éxito al ser vistos como una nación que pasó de enfrentar grandes desafíos a tener un futuro promisorio. La mejora de nuestros indicadores sociales, económicos y de seguridad llama la atención en todas partes.

A esos avances se suma la expectativa que despierta el proceso de paz. Mientras internamente las conversaciones en La Habana son fuente de intensas polémicas y una buena dosis de escepticismo, los gobiernos de las más diversas tendencias respaldan la posibilidad de una paz negociada. Si bien este es un asunto que atañe directamente a los colombianos, no se puede desdeñar el interés de la comunidad internacional, que espera humo blanco al final del camino.

Así quedó claro en Europa. Uno tras otro, jefes de Estado y de gobierno, al igual que la Unión Europea, dieron su respaldo a lo que se viene haciendo. Ese fue el caso en Madrid, Bruselas, Berlín, Lisboa y París. De ese apoyo deberían tomar nota los negociadores de las Farc, que necesitan entender lo que el mundo espera de ellos, que no es otra cosa que la dejación de las armas y acuerdos que permitan el fin de la violencia que nos ha desangrado.

No menos relevante fue el oficio hecho en dos puntos centrales. El primero es la importancia que tendría un entendimiento que le ponga fin a la confrontación armada a la luz del Estatuto de Roma, de 1998, mediante el cual se estableció la Corte Penal Internacional.

Es muy probable que un eventual pacto con la guerrilla sea el primero que se firme después de que el alto tribunal entró en funciones. Con seguridad, el texto final será sometido a un cuidadoso escrutinio de la Corte, especialmente lo relacionado con la justicia transicional. Debido a ello, y para evitar sorpresas, es conveniente involucrar elementos políticos y no solo jurídicos en el análisis, para lo cual hay que usar la diplomacia, sobre todo en el Viejo Continente, que tiene un alto peso específico en el nuevo esquema.

Adicionalmente, es encomiable la petición hecha por Santos de crear un fondo multilateral para centralizar los recursos que lleguen con destino al posconflicto. Ese es un proceso que toma tiempo, por lo cual hay que comenzar desde ahora con el fin de tener el instrumento operando, si en la capital cubana todo termina bien.

En consecuencia, no se trataba de pedir dinero, sino de establecer un mecanismo que sería muy útil, pues, a pesar de que el mayor esfuerzo estará a cargo de los colombianos, hay fondos disponibles y voluntad de ayudar. Desconocer esa realidad es una tontería.

Por tal motivo, esta gira fue la primera dedicada al tema de la paz, pero no debería ser la última. Y es que hay que continuar la labor para que un mundo que en ocasiones ha sido parte de nuestros problemas sea ahora parte de la solución.