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El método

21/02/2016

Por: Gabriel Silva Luján

Oh confusión, oh caos! Esa parecería ser la línea argumental que se está construyendo para hacerles creer a los ciudadanos que el Estado y el país van irremediablemente rumbo al despeñadero. No es difícil hilar muchos e inconexos hechos –desde fenómeno del Niño hasta el irresponsable desafío de las Farc en La Guajira– para validar dicha tesis. Sin duda, y sería tapar el sol con las manos, han coincidido vicisitudes en muchos frentes que alimentan el pesimismo y acrecientan la incertidumbre. Es ese terreno abonado que aprovechan los malquerientes del Gobierno para sembrar cizaña.

El presidente Santos –sin recurrir al expediente que se vio en otras administraciones en las que se impartían órdenes en público a gritos por un celular, lo cual no produce ningún resultado sostenible– ha manejado esas circunstancias dentro de un profundo respeto por las personas, la Ley y la Constitución. También ha actuado sin desatar inquisiciones, cacerías de brujas o refugiarse en el fácil expediente de llevar a la hoguera a los funcionarios, violando su derecho al buen nombre y al debido proceso.

Muchos interpretan esa actitud como demostración de debilidad. Es una lectura equivocada. La firmeza y el atropello son dos cosas distintas. Nada más fácil que tomar medidas apresuradas, expedir decretos o anunciar decisiones que despierten los aplausos de la galería. Ese no es el camino aconsejable para un país con las complejidades y falencias institucionales del nuestro.

El método Santos es el de la reflexión, la serenidad y la ponderación. Aun a costa de su popularidad, el primer mandatario prefiere tener toda la información y sopesar las alternativas antes de proceder, a las carreras, por un camino que en vez de resolver los problemas pueda generar más incertidumbre. Esos que argumentan que el jefe del Estado está desatendiendo la agenda nacional por dedicarse obsesivamente a la paz lo hacen sin conocimiento de causa o con el oscuro objetivo de reducir su margen de maniobra y así acrecentar las dificultades. El propósito es alarmar, nutrir el desasosiego y crear circunstancias que induzcan a la administración, al calor de las irreflexivas explosiones virales en las redes, al error o a la ligereza.

Otra particularidad del método Santos es que no alberga inquinas personales o arrogancias banales. Al contrario de lo que se dice en algunos cocteles, el Presidente de la República ha demostrado que si se equivoca reconoce y corrige; que si al país le conviene superar antagonismos no tiene problema en tender puentes; que es capaz de ponerse en los zapatos de sus contradictores.

Santos ha buscado todas las fórmulas posibles para ubicar los intereses de la Patria por encima de la pequeñez y la mezquindad. No siempre ha sido adecuadamente correspondido. Quizás lo más valioso de su método es –como se ha dicho en otras ocasiones– la búsqueda de consensos sobre los asuntos fundamentales.

De allí que esté tratando de convertir la paz en un punto de convergencia y encuentro nacionales. La convocatoria reiterada a todos los actores es genuina. Es alentador encontrar que la inmensa mayoría de las instituciones y de las fuerzas políticas lo han entendido así. Naturalmente, hay importantes excepciones. En esa misma línea es muy positiva la propuesta de Carlos Holmes Trujillo de hacer de la paz una política de Estado. Por algo se empieza.

Díctum. En medio de las particularidades que afectan hoy a la Policía Nacional, el proceso de relevo en su Dirección General se dio dentro del mayor respeto a la institucionalidad. Gallardía la del general Palomino. Valentía la del general Jorge Hernando Nieto. Se necesita toda la solidaridad nacional.

Tomado de El tiempo  www.eltiempo.com

Foto: El Tiempo