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El bazar de los hipócritas

18/01/2016

Por: Gabriel Silva Luján

La venta de Isagén ha desatado un proceso político que no vivía el país desde las épocas en que se emprendieron las privatizaciones en el gobierno de Gaviria. Llama la atención la ferocidad de los ataques simultáneos de la extrema izquierda, la extrema derecha y algunos miembros del liberalismo contra una decisión que, en otro contexto, hubiera despertado más bien poco ruido.

Uno no deja de preguntarse qué se esconde detrás de todo ese montaje. El primer aspecto para destacar es que la venta de Isagén es el round inicial de lo que va a ser la contienda electoral del 2018. La hipócrita oposición del Centro Democrático a la venta esconde, ante todo, el intento de esa colectividad de buscar cortarle el chorro de recursos a la labor que vienen haciendo el Gobierno y el vicepresidente Vargas Lleras.

De manera juiciosa, el actual gobierno se ha dedicado a remover los obstáculos para superar la década de atraso en la construcción de la infraestructura física. El uribismo prefiere paralizar esos avances con tal de que el Vicepresidente y los ministros no obtengan el reconocimiento político que se merecen.

El rezago en infraestructura recae en cabeza del uribismo y de Andrés Uriel, que durante ocho años se dedicaron a pavimentar los dos kilómetros de entrada y salida de los pueblos para ganarse unos voticos. Es hipócrita que los responsables de ese desacierto, que además intentaron vender Isagén a una fracción del precio de hoy, vengan a rasgarse las vestiduras con argumentos banales y trasnochados.

Se les une el Polo, con la usual convergencia de la extrema izquierda y la extrema derecha, que por las mismas oscuras motivaciones quiere que todo le salga mal al Gobierno. Con un trasnochado nacionalismo, hablando de la soberanía energética del país, han capturado a los incautos de siempre, que no entienden que el mundo es otro. ¿O es que cuando las multilatinas nacionales se ganan las concesiones y licitaciones del sector eléctrico en Perú, Brasil, Chile, Centroamérica, el Caribe y demás, los intereses estratégicos de las compañías colombianas deben agachar la cabeza ante un puñado de obsoletos izquierdistas en esos países?

Si se les da la razón al senador Robledo y a sus amigos, se sacrificaría una ventaja competitiva poderosa para desarrollar el país a través su sector energético. Adoptar las tesis de la izquierda en Colombia dejaría al país al margen del mercado global y, ahí sí, menoscabar el rol prominente que han adquirido empresas domésticas como ISA, EPM, Ecopetrol, Promigás, EEB y muchas más.

El liberalismo también está en un jueguito peligroso, con consecuencias mucho más serias de lo que se imaginan. Con mucho esfuerzo, inspirado y orientado por el presidente César Gaviria, el Partido Liberal se convirtió en una poderosa fuerza de centroizquierda, la cual se sacudió los dogmas populistas sobre el rol y la propiedad del Estado en la economía, convirtiéndose en protagonista de la modernización de Colombia en los últimos treinta años. Ahora, por temor electoral a Vargas Lleras y a Cambio Radical, algunos dirigentes prefieren dejar semejante legado para disfrazarse de izquierdistas. No les queda.

Díctum. “Finalmente, en el 2016 debemos reconocer la importancia crucial de resolver el conflicto palestino-israelí. Esto no solo es importante en sí mismo, sino que también ayudaría a lograr buenas relaciones internacionales e interreligiosas, y sería una manera firme de reasegurar el principio de coexistencia pacífica en el que se basa el orden internacional”. Tony Blair, ex primer ministro del Reino Unido. ‘Vencer a los extremistas islámicos’. (‘El Espectador’ 12-1-2016).

Gabriel Silva Luján