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El balance de los 'pilos'

17/08/2015

Por: Editorial

Los testimonios de madres de familia y alumnos que asistieron la semana pasada al foro en el que se presentó el balance del programa presidencial ‘Ser pilo paga’ –en cabeza del Ministerio de Educación– no podían ser más elocuentes.
En un escenario en el que además convergieron catedráticos y expertos en la materia, los relatos de unos y otros coincidían en el cambio significativo que ha representado para todos una iniciativa exitosa, reconocida, incluso, por críticos del Ejecutivo.
Aunque al comienzo hubiera parecido que se trataba de un anuncio más, con el correr de los días y al tiempo que se mide el impacto de las 10.000 becas otorgadas a igual número de muchachos, con excelentes promedios en las pruebas de Estado, en Sisbén 1 y 2, se entiende mejor la estrategia de poner a la educación como eje de la transformación del país.
El primer semestre de estudios arroja datos alentadores: 163 jóvenes obtuvieron promedios de entre 4,0 y 5,0; el 40 %, entre 3,5 y 3,7; y el 38 entró en el rango ‘superior’, con promedios de 3,8 a 4,2. Son noticias gratas si se tienen en cuenta las condiciones en que muchos de estos estudiantes llegaron –hace 8 meses– a hacer parte de las 33 universidades más prestigiosas del ámbito nacional. Se trata del primer corte, es cierto, pero las lecciones aprendidas permitirán que, ahora que se avecina el anuncio de más becas, las cosas fluyan sin los apremios iniciales.
Por ejemplo: es claro que se requiere un proceso de adaptabilidad, mayor énfasis para que los ‘pilos’ adquieran habilidades de lecto-escritura; la detección oportuna de lo que quieren, lo que ofrece la institución y el beneficio para las regiones de donde son oriundos. Y una estrategia de sostenibilidad para que otros sectores ayuden a afianzar un modelo que busca, ante todo, que ningún menor con talento se quede sin la posibilidad de tener una educación que asegure su futuro.
Reconocimiento especial merecen las 33 universidades acreditadas que acogieron a los ‘pilos’. La grandeza con que asumieron el desafío se refleja en la serie de iniciativas que han desarrollado para brindarles apoyo permanente y prevenir su deserción. Eso ha sido clave.
Si todo avanza como hasta ahora, es decir, si el Gobierno hace una adición para este programa del 3 % del gasto total en educación, al final del cuatrienio el 8 % de la población estudiantil de esos centros educativos pertenecerá a Sisben 1 y 2, los más pobres entre los pobres, equivalente a todos los estudiantes de la Universidad Nacional hoy o al doble del alumnado de estratos 1 y 2 que asiste a la misma institución.
En términos laborales, las diferencias también serán grandes. De acuerdo con Roberto Sarama, uno de los cerebros de esta estrategia, mientras un joven que no va a la universidad está destinado a ganar un salario mínimo –en el mejor de los casos–, quien accede a las becas ganará entre tres y seis salarios mínimos a la hora del enganche laboral, ingreso que, a su vez, le tomaría hasta 10 años alcanzar a aquel que no accede a una universidad acreditada.
Todo esto tiene un nombre: equidad. Lo dijo Tania, madre de uno de los beneficiarios cuando, en el mismo foro, expresó: “Aunque uno sea pobre, jamás hay que decirle a un hijo ‘usted no va a estudiar’ ”.