/?section_id=5053

Dejar el miedo

19/10/2015

Por: Gabriel Silva Luján

La relación entre el Gobierno Nacional y el sector privado está atravesando uno de los momentos más complicados, luego del episodio de las recientes sanciones de la SIC al sector azucarero. La denuncia de manipulación del mercado por los empresarios –que les costó cientos de miles de millones de pesos en sobrecostos a los hogares colombianos en sus compras de este producto esencial– se ha usado para enrarecer aún más el ambiente.

La postura asumida por el ente regulador en este y otros casos similares es encomiable. Al valiente superintendente Pablo Felipe Robledo le correspondió ejecutar lo decidido en un proceso de ley –de hecho, iniciado en la administración del presidente Álvaro Uribe– que, sin duda, impacta los intereses empresariales de la industria azucarera y al poder feudal que han ejercido quienes han sido los rentistas eternos de los privilegios consuetudinarios otorgados a los latifundios vallecaucanos. Las de la SIC son decisiones en derecho que ofrecen el pleno ejercicio de la defensa dentro de las instituciones, las instancias y las oportunidades procesales correspondientes.

Desafortunadamente, este episodio se ha convertido en la ‘prueba reina’ de quienes quieren demostrar que el gobierno actual persigue la iniciativa empresarial y es enemigo del sector privado. Distorsionando la realidad, las acciones del regulador orientadas a la defensa del consumidor, la transparencia, la libre competencia, el pleno ejercicio de las fuerzas del mercado –que, vale la pena decirlo, son la esencia de las aspiraciones de un régimen capitalista– las usan para sus propósitos.

Hay una corriente de pensamiento político, encabezada por el Centro Democrático, dedicada a sembrar el miedo entre los emprendedores y los empresarios utilizando esta coyuntura y otras acciones gubernamentales para nutrir el pesimismo y los recelos contra Santos. No ayuda mucho que el interlocutor principal del sector privado, el doctor Bruce Mac Master –presidente de la Andi– haya decidido afincar su credibilidad gremial embarcándose en una campaña del mismo tenor.

Al escuchar con cuidado los comentarios sensatos, las peroratas disparatadas y la sabiduría de salón, provenientes del empresariado, es evidente que aquí lo que existe es una mezcla de incertidumbre, mala información y perniciosa influencia de los intereses políticos de la oposición. Para empezar, es normal que los empresarios le teman al proceso de paz, pero es un miedo exacerbado por las mentiras y las exageraciones de quienes defienden la guerra. Son muchas la hipérbole y las locuras que se escuchan sobre este tema, provenientes hasta de los más sensatos en el sector privado.

El otro asunto que les pone los pelos de punta a los empresarios es el mito uribista de que Santos va a traer el modelo castrochavista a Colombia. Nuevamente, el propósito es sembrar miedo y promover una insurrección del empresariado contra el Gobierno, como lo ha intentado hacer el uribismo con otros actores, como es el caso de la Fuerza Pública, pretendiendo la desinstitucionalización del país. Afirmar que Santos es un chavista en el clóset, cuando pertenece al establecimiento, tiene la absoluta convicción de la centralidad del mercado y quiere llevarnos a la Ocde, es un exabrupto malintencionado. Al tiempo que esto ocurre, se observan unos resultados positivos sin precedentes en los balances y en las utilidades.

No obstante las adversidades globales que estamos viviendo, la empresa privada colombiana está pasando por uno de los mejores momentos de la historia. Cuanto más difíciles los desafíos, más crucial es la unión entre empresariado y poder ejecutivo.

Por Gabriel Silva Luján

Tomado de El Tiempo www.eltiempo.com