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Ahora o nunca

19/01/2015

Por: Gabriel Silva Luján

El anuncio del presidente Santos sobre su disposición de concretar un cese del fuego con las Farc es, sin duda, el hecho más relevante desde que se iniciaron las negociaciones. Para los termocéfalos irracionales del uribismo es una rendición. Pero para la inmensa mayoría del país es una señal poderosa que indica que los diálogos han avanzado mucho más de lo que la gente cree. Esa decisión aporta una importante dosis de certidumbre a los colombianos sobre el futuro de las negociaciones en La Habana.

El Primer Mandatario tuvo, con seguridad, muy buenas razones para avanzar en esa dirección. Pero es bueno señalar que, desde el punto de vista de las circunstancias que rodean el proceso, no existe –y posiblemente no existirá en el futuro– un mejor momento para dar ese paso.

El proceso de apertura diplomática entre Estados Unidos y Cuba tiene efectos devastadores para los que aún creen en la lucha armada en Colombia. La isla, con esa hábil movida diplomática, perdió el rol de fuente de inspiración, guía moral y refugio que ejerció, ininterrumpidamente, durante cinco décadas. Las Farc y el Eln se quedaron huérfanas de un día para otro. La aspiración de los hermanos Castro es volverse respetables miembros de la comunidad hemisférica. Para lograrlo tendrán que renunciar al activismo revolucionario internacional, al igual que a cualquier promoción del terrorismo y de la vía armada. Eso, evidentemente, no debe haber pasado inadvertido para los comandantes criollos.

El derrumbe del sueño revolucionario del chavismo, en cabeza de Maduro, la fragmentación del Alba y la inevitable implosión social y política de Venezuela ponen a las Farc en aprietos. Esas épocas en que ‘Iván Márquez’ hacía parrandas vallenatas en territorio venezolano, mientras coordinaba secuestros y ataques terroristas, amparado por la generosidad del chavismo, se fueron para siempre.

El ascenso de la derecha republicana en los Estados Unidos –y la eventual llegada de ese partido a la Casa Blanca– permite prever que un fracaso del proceso de paz será recibido con una sonrisa de “yo se lo dije” y los gringos estarán más que dispuestos a volver a crecer el componente militar del Plan Colombia, considerado por muchos como el modelo antisubversivo más exitoso en la historia reciente. Ese potencial escenario tendrá que estar presente en el proceso de evaluación que hagan las Farc sobre la factibilidad de insistir en la vía armada o plegarse a la oferta de Santos.

Además, el papel que posiblemente jugaría Estados Unidos va mucho más allá de su apoyo al escalamiento del componente militar. La probabilidad de que los estadounidenses promuevan un eventual manejo judicial constructivo, tanto en su país como a nivel internacional, dependerá de manera significativa de un cese del fuego definitivo de las Farc. Si ven el más mínimo riesgo de retroceso, no hay ninguna posibilidad de que Washington se la juegue frente al espinoso tema de los vínculos entre esa guerrilla y el narcotráfico.

Nos imaginamos que en La Habana existen suficientes elementos de juicio para dar un paso de semejante magnitud. También hay consideraciones en el proceso político colombiano que permiten pensar que este es el momento correcto para plantear ese nuevo paso. Pero quizás el factor catalítico es el actual contexto internacional, que nunca había sido tan favorable. Ojalá las Farc, que han demostrado una infinita capacidad para equivocarse, entiendan que es ahora o nunca y tomen las decisiones correctas.

Díctum. El posconflicto necesita duplicar las Fuerzas Armadas, no cortarlas a la mitad, como lo proponen algunos ingenuos.

Tomado del diario EL TIEMPO

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